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Archive for 6/08/12

Incunables


Lic. Leonor Nayar

“El arte de la imprenta no ha igualado ni lo hará nunca a aquellos manuscritos, sobre las páginas de los cuales como cobre los templos de Jerusalén, Roma o Colonia, han trabajado millares de manos y se han consumido sucesivamente vidas enteras de religiosos y artistas”

Alfonso de Lamartine

El término “incunable” aparece empleado por primera vez por Cornelio Van Beughen en 1688.

En la Alta Edad Media el pergamino era suficiente como materia escriptoria, los manuscritos que se producían eran pocos y generalmente eran copias, por lo cual su demanda no era demasiada.

Pero el papel era imprescindible. Sin duda la fabricación de éste se produjo en China 100 años después del nacimiento de Cristo. Se extendió primeramente por el área dominada por el Imperio Árabe, Bagdad, Damasco, El Cairo, Marruecos, donde aparecen los primeros molinos de papel en el siglo XI

A la Europa cristiana llega por medio de España, en ese momento dentro de la esfera cultural árabe, y los molinos se comenzaron a construir en distintas ciudades del Viejo Mundo: Venecia, Padua, Génova, Basilea, Estrasburgo.

Los europeos introdujeron algunas modificaciones que aceleraron el proceso de fabricación mejorando así la calidad del papel.

En el proceso de fabricación los alambres nervados y los alambres eslabonados de las máquinas que se utilizaban para aplastar el papel producían unas “venas” en el mismo por lo que este tipo de papel se denominó papel verguetado. Con en enredado metálico, que se sujetaba dentro del cedazo (por lo general en la mitad izquierda) se lograba que el papel mostrara en esos sitios figuras diáfanas llamadas filigranas. Casi todos los papeles antiguos las poseen y sobre todo los de mejor calidad. Son de una gran diversidad con frecuencia la cabeza de un buey con una estrella una cruz, una balanza dentro de un círculo, una mano y una estrella, un racimo de uvas.

A medida que se extendía es uso del papel, el precio del pergamino subía y el del papel bajaba, llegó a valer un cuarto que lo que salía un pergamino.

El papel de los incunables más antiguos es de color gris amarillento y su superficie es rugosa, parece hecho a propósito para los fuertes caracteres de la imprenta de esa época y la tinta de intenso color negro.

La Biblia de las 42 líneas se compone de dos volúmenes, las páginas tienen 42 líneas y dos columnas, están escritas el letra gótica.

El Salterio de Maguncia es el primer libro con fecha de impresión, nombre de los realizadores y marca de imprenta, que era un escudo con las iniciales de los impresores colgando de la rama de un árbol.

Cuando se terminaba de imprimir un ejemplar de lo entregaba al rubricador o iluminador para que los coloreara con iniciales, arabescos y, los mas lujosos, con miniaturas o dibujos a pluma. Los rubricadores tenían que decorar los artículos antes que la obra fuera encuadernada. Y tenían otra tarea: la corrección definitiva de la obra impresa.

Además, se destacan los escudos pintados a mano extraordinariamente numerosos y a menudo fascinantes a la vista. También empleaban xilografías primitivas, que al principio solo reproducían contornos y luego se coloreaban un poco, llegando hasta los ejemplares impresos de finales del siglo XV finamente elaborados.

Para encuadernar se utilizaban tapas de madera, bastante robustas, de haya o roble y por lo general recubiertas de cuero. Se dejó de usar la piel de oveja por la de ternera, teñida de marrón o piel de cerdo de color natural o parduzco.

En lugar de clavos, como se usaba antes, aparecen guarniciones de latón realzadas elegantemente, repujadas o punzonadas. Las tapas se decoraban con punzones de los más variados estilos y con los que se producían una enormidad de motivos, preferentemente del reino animal o vegetal: flores, rosetas, ramilletes, hojarascas. Los del reino animal: leones (de aspecto heráldico), perros, machos cabríos, águilas (heráldicas de una o dos cabezas), grullas, cisnes. También de sentido religioso: paloma con aureola (espíritu santo), el cordero pascual, unicornios, fénix. Los talleres monacales imprimían con nombres de santos.

La lengua de impresión utilizada es el latín, porque casi la mitad de los incunables son de temas religiosos, le siguen los temas de literatura.

Fuente: Consultora de Ciencias de la Información

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