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Archive for 24/05/11


Lic. Leonor Nayar

La declaración Universal de los derechos humanos, de 1948 y actualizada en 1998, proclama en su artículo 19:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.“1
En una sociedad globalizada hay mayores oportunidades de intercambios culturales. Las bibliotecas del mundo reciben consultas de diversos usuarios, inmigrantes o sus descendientes, que buscan todo tipo de documentos en sus lenguas madres.

Lamentablemente, hay algunas barreras en el acceso a la información, por ejemplo, los gobiernos juegan un rol importante en la clasificación de los documentos que pueden o no ser consultados por el público. ALA (American Library Association) ha tomado una posición muy precisa respecto a la censura a la que define como no sólo la eliminación o escisión de partes de materiales publicados sino como los esfuerzos por alejar, prohibir, suprimir, proscribir, quitar o restringir el acceso a materiales. Además, considera que las bibliotecas deben tener disponible en sus acervos una gama amplia de visiones y expresiones, incluso aquellas que son poco ortodoxas o impopulares para la mayoría.

La censura contempla la restricción de acceso por inclusión en colecciones reservadas, hasta la decisión de no adquirir determinados materiales. En realidad, cada biblioteca tiene algunos sesgos, propios de las personas que se ocupan de la selección de materiales a incluir, esto ocurre, por que muchas veces nos olvidamos que somos profesionales y permitimos que pese nuestra propia ideología, la que es contraria a la inclusión de materiales que están en contra de la misma, y no pensamos que todos podemos opinar de una manera contraria y que incluso para decidir apoyar una u otra facción, previamente es necesario un acercamiento a diferentes ideas que nos permitan decidir libremente nuestro sistema de creencias políticas, religiosas, éticas, filosóficas, etc.

Por ese motivo, también la IFLA menciona la necesidad de poner a disposición de los usuarios una amplia variedad de materiales, reflejando la pluralidad y diversidad de la sociedad y asegurar que la selección y disponibilidad de materiales de biblioteca y servicios son gobernadas por consideraciones profesionales y no por opiniones personales de perspectivas políticas, morales y religiosas.

Además, es necesario que, como profesionales, podamos garantizar la privacidad de nuestros lectores en relación a sus gustos lectores, ya que eso permite un buen funcionamiento de la biblioteca, junto con la protección de la privacidad a la que cada ciudadano tiene derecho.
Las bibliotecas deben ocuparse de garantizar el acceso a recursos documentales diversos a usuarios multiculturales y convertirse, así, en agentes productores de cultura por medio de la paridad participativa.

Las bibliotecas no pueden discriminar documentación ni usuarios por motivos políticos, religiosos, de orientación sexual, cultural, étnica, lingüística o de alguna otra especie.

Los bibliotecarios deben comportarse como verdaderos profesionales de la información y permitir el acceso y albergar en sus colecciones todo tipo de material que represente las ideas o expresiones culturales de la humanidad.

1Declaración Universal de Derechos Humanos. Consultado en:http://www.un.org/es/documents/udhr/

Fuente: Consultora de Ciencias de la Información

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